El baile es una forma de expresión a través del movimiento que, además de ayudarte a mantener una buena condición física con el paso de los años, también hace que se libere la mente y mejore el estado de ánimo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda este tipo de actividad física para evitar problemas derivados del sedentarismo, el estrés o la depresión. En la última década ha ido en aumento el número de estudios controlados que han demostrado el potencial de los efectos neurorehabilitadores de intervenciones basadas en la danza.

Bailar es una de esas cosas que en general solo se realizan con el fin de divertirse y pasarlo bien. Pero, a diferencia de muchas otras actividades que se hacen solo por placer, bailar tiene además beneficios para la salud, sobre todo en las personas mayores.

Con el movimiento se activan procesos neurológicos, fisiológicos y emocionales que permiten mejorar funciones disminuidas o deterioradas y aportar en los momentos de terapia la percepción del cuerpo como un todo coordinado a través de ritmos musicales y melodías. Además, implica la participación activa y psicodinámica de la persona como protagonista de su tratamiento en un encuadre terapéutico.

Diferentes estudios científicos sobre los beneficios físicos del baile, en personas mayores, concluyen que esta parte de la población puede mejorar de manera significativa su capacidad aeróbica, la resistencia, fuerza y flexibilidad de su masa muscular, su agilidad y su equilibrio a través del baile. Ayuda a desarrollar nuevas conexiones neuronales,  relacionadas con las funciones ejecutivas, la memoria de largo plazo y el reconocimiento espacial. Memorizar la coreografía y adaptar los movimientos al ritmo de la música son acciones claves para obtener estos beneficios.

Esta actividad genera una disminución del estrés, incrementa los niveles de serotonina, la llamada “hormona del bienestar”. Es una especie de antidepresivo natural que además previene otros problemas y carece de efectos secundarios y contraindicaciones (salvo la de no excederse en el esfuerzo físico, lo cual podría derivar en alguna lesión).  Además, el baile influye en el aspecto psicosocial logrando una gran adherencia a la terapia, a menudo un gran problema en muchos programas de rehabilitación.

De modo que la conclusión parece evidente: a todos los adultos mayores que puedan bailar, les conviene hacerlo. Su calidad de vida sin duda se lo agradecerá.